lunes, 19 de marzo de 2012

De una endemoniada a su exorcista...


Si no puedo ser santa, prefiero ser una condenada. ¿Comprendes Sacerdote? ¿Tú que estás por encima de mí, entiendes qué gran tristeza es no poder ser santa? ¡Piensa, ser santa! ¡Comprenderlo todo, estar en el regazo de Dios, fiel a la sabiduría divina, fundirse con la luz eterna, y al mismo tiempo poder habitar en la tierra, estar sobre los altares, entre las rosas, los cirios y los inciensos, revivir en la oración de todas las bocas, en todos los libros piadosos! ¡Ah, eso es la vida, la vida eterna! Pero de otra manera es preferible seguir con los diablos... 

(Madre Juana de los Ángeles al padre Suryn )

Pasaporte


¿Mujer de ideas? No, nunca he tenido una.

Jamás repetí otras (por pudor o por fallas nemotécnicas).

¿Mujer de acción? Tampoco.

Basta mirar la talla de mis pies y mis manos.

Mujer, pues, de palabra. No, de palabra no.

Pero sí de palabras,

muchas, contradictorias, ay, insignificantes,

sonido puro, vacuo cernido de arabescos,

jugo de salón, chisme, espuma, olvido.

Pero si es necesaria una definición

para el papel de identidad, apunte

que soy mujer de buenas intenciones

y que he pavimentado

un camino directo y fácil al infierno.


Rosario Castellanos

Sobre la SOBERBIA


"Si tuviera que definirme a mí misma por una virtud, no sabría cuál escoger. Ninguna de mis virtudes, muchas o pocas, podrá competir jamás en intensidad con mi defecto, mi pecado principal, al que no dudaría ni un instante en recurrir para definirme a mí misma. Porque si yo soy es porque soy soberbia. Tan sobremanera, tan extremadamente soberbia, que a esta debilidad le debo gran parte de mi fortaleza. La soberbia está en el origen de mi ambición y de mi tenacidad, la soberbia me libera de pasiones tan literarias como la vanidad o la envidia -que sólo pueden experimentarse cuando se considera que los demás están a la misma altura que uno mismo-, y la soberbia, además, ha sido la responsable de la mayor parte de los disgustos, decepciones, fracasos y ridículos que he padecido en  mi vida. No existe caída más dura que la caída de una persona soberbia, ni un estupor semejante al que un soberbio prueba al caer. Tampoco existe, o al menos yo no lo conozco, un estímulo tan feroz como el que aprieta los dientes de una soberbia despechada"

Almudena Grandes sobre sí misma

TENGO MIEDO


Tengo miedo de que mi entrega sea mezquina en relación con lo que el amor merece. Este miedo me llena de un dolor que me  persigue y que desata en mí un torrente de abandono.



A veces, por el contrario, me parece que he hecho más por el amor de lo que él hace por mí, puesto que no responde a la medida de mi servicio. Entonces pienso que me es infiel, pero no pido nada y no rechazo nada, dejo que el amor disponga libremente de mí.


Catharina de Lovaina

Mientras...


Mientras anhelé lo que no podía tener, fui feliz deseándolo; pero cuando lo obtuve, perdí el interés. ¿No es verdad que para que el antojo no muera, lo ambicionado debe quedar fuera de nuestro alcance?

Cuando llega el momento de detestar a alguien, lo aborreces sin hacer ningún esfuerzo. Cuando ya no tienes nada que decirle a alguien, evitas el silencio, pero te das cuenta de que no puedes lograrlo; por eso, por el aborrecimiento y por mi involuntaria mudez, pensé dejarlo, irme lejos. Era una doble salida: de mi situación y del país. Buscaba, como todo el mundo en esas circunstancias, otros aires, nuevas oportunidades, mejores retos, la soledad.

Cuando quieres acordarte de las virtudes y cualidades del hombre que quisiste y no encuentras nada, es el momento de olvidarlo a él también.
Cuando sientes que estás perdiendo la dignidad por aguantar comentarios, actitudes o actos que te ofenden, lo único que te queda es reaccionar, si no estás perdido.

En silencio, la lluvia
SILVIA MOLINA

He aquí que tú estás sola


He aquí que tú estás sola
y que estoy solo.
Haces tus cosas diariamente y piensas
y yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo.
Esto es lejía y muerte.
El corrosivo estar, el malestar
muriendo es nuestra muerte.
Yo no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra, a flor, hueles a a amor, a ti,
hueles a sal, sabes a sal, amor, y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tú me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas.
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.
Hoy y mañana, así, y cuando estemos
en nuestros brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos.


Jaime Sabines    :)