viernes, 13 de febrero de 2015

Querer lo que no se puede tener

"...Parecías tener un talento especial para perseguir a la persona que menos te convenía, para querer lo que no podías tener, para rendir tu corazón a chicas que no podían o no querían corresponderte. Cierto interés por tu intelecto, destellos de interés por tu cuerpo, pero ninguno en absoluto por tu corazón. Chicas medio locas, ambas deslumbrantes y autodestructivas, profundamente excitantes para ti, pero apenas llegabas a entenderlas. Las inventabas. Las utilizabas como ficticias encarnaciones de tus propios deseos, dejando de lado sus problemas e historias personales, sin comprender quiénes eran al margen de tu propia imaginación, y sin embargo, cuanto más te eludían, más apasionadamente las deseabas".
Paul Auster, Diario de invierno.

Humildad

"Si siempre te conservaras humilde y modesto, y GOBERNARAS Y DIRIGIERAS BIEN TU ESPÍRITU, no te expondrías tan fácilmente a peligros y caídas. Es una buena idea considerar, cuando esté encendido en fervor tu espíritu, lo que harás al retirarse esa lumbre".
Tomás de Kempis, La imitación de Cristo.

Ya no eres joven

"Que ya no eres joven es un hecho indiscutible. Dentro de un mes cumplirás sesenta y cuatro años, y aunque eso no es ser demasiado viejo, no lo que todo el mundo consideraría una edad provecta, no puedes dejar de pensar en todos los que no han logrado llegar tan lejos como tú. Ese es un ejemplo de las diversas cosas que podrían no pasar nunca pero que, en realidad, han ocurrido".
Paul Auster, Diario de invierno.

Todo en duda


"Todo visitante debe ver los aposentos de Felipe II al lado izquierdo del presbiterio. Allí muestran la pobreza de que vivió rodeado y la triste cama donde expiró. El turista ingenuo pone su carne de gallina ante tanta humildad, pero el historiador -¡oh estorbo de la erudición!- sabe que eso es falso; el lecho de Felipe II era de fina caoba, incrustado de joyas y camafeos, con un costo de tres millones de maravedíes".
Francisco de la Maza, Cartas barrocas desde Castilla y Andalucía

viernes, 10 de octubre de 2014

El adiós

Te extraño cuando huyes de madrugada y te extraño cuando camino y me tomo un café en la calle; te extraño cuando June se acerca cariñosa y cuando paso por los grandes aparadores. Te extraño casi a todas horas: cuando escribo, cuando te pienso, cuando escucho las campanas que me anuncian que ya son las tres, cuando me acuerdo de las horas interminables entre humo y whisky, cuanto tengo una comida que dura toda la tarde, también cuando me despido de ti cada día a la misma hora, cuando como en aquel lugar donde nos dio el aire y cuando escucho la radio. Adiós, Anaïs, adiós. Ya nos encontraremos en otras vidas y en otras vidas podré poseerte y quedarme contigo para siempre. Ya te veré en medio de la nieve y entre libros y vino. Adiós, tuyo siempre.

Henry

(última parte de la carta de Henry Miller a Anaïs Nin)

sábado, 13 de septiembre de 2014

Las heridas y el tiempo

"Pasa el tiempo, y con él las penas de estos misteriosos encuentros; pero al correr de los años no queda punto sensible sin cicatriz. De ahí, sin duda, la facilidad con que un viejo se enternece"
José Vasconcelos, Ulises Criollo.

Capote y la destrucción

"Existes en un mundo pendiente entre dos superestructuras, una de autoexpresión y la otra de autodestrucción. Eres fuerte pero en tu fuerza hay una grieta y a menos que aprendas a controlarla, esa grieta demostrará ser más poderosa que tu fuerza y te vencerá [...]¿Por qué? ¿Por qué esa irrazonable ira cuando ves a otros contentos, felices y satisfechos? ¿Por qué ese creciente desprecio por la gente y esas ganas de herirla? Muy bien: crees que son necios y los desprecias porque su moral, su felicidad son el origen de TU frustración y tu resentimiento. Pero esas ideas son terribles enemigos que llevas dentro de ti...y a la larga serán mortíferas; como las bacterias que resisten al tiempo, no matan al individuo sino que dejan en su modo de ser el estigma de una criatura desgarrada y retorcida; dejan fuego en su interior avivado por astillas de desprecio y odio. Podrá prosperar pero no dará fruto porque él es su propio enemigo y le estará vedado gozar intensamente de sus triunfos."
Truman Capote, "A sangre fría"